Lo maravilloso: defender la alegría

No corren buenos tiempos para la lírica. Hay muy buenos poetas y buenas poesías pero no hay tiempo.

Sin embargo, hay poesías que elevan el alma, promueven la reflexión, despiertan la sonrisa y te hacen sentirte mejor. Especialmente en un contexto donde el dolor, la muerte, las guerras, las catástrofes climáticas y la sinrazón nos asola, en que las noticias de los periódicos desagradan y alientan la tristeza.

Nada mejor que un antídoto contra el desánimo que ofrece este maravilloso poema para leer calmosamente y con deleite, de Mario Benedetti, «Defender la alegría».

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

No se puede decir mejor con mayor belleza y tino. Equivale a mil manuales de autoayuda. Consejos que te hacen levantar la vista con orgullo, y defender la alegría frente a quienes no saben vivir la vida propia sin menoscabar la ajena. Y si apetece volver a oírla en vez de leerla, el placer se duplica:

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